En una sala junto a la Iglesia de la Piedad, en Salvador
[Brasil], religiosos capuchinos permitieron que se instalase una boutique en la
cual se venden objetos unisex, entre los cuales biquinis.
Como bien se puede imaginar, la iniciativa causó escándalo a muchos frecuentadores del templo.
Fray Benjamín Capelli explicó que el alquiler de la tienda
garantirá mayor disponibilidad de renta para las obras asistenciales de la
parroquia.
Dándose cuenta tal vez de la inconsistencia de la alegación
– pues la inmoralidad del medio no se justifica por la licitud del fin – Fray
Bruno Rossi adujo otro argumento: “Sólo lamento – dijo él – que algunos de
nuestros hermanos, ciertamente firmes y radicados en la fe, se escandalicen con
tanta facilidad y alimenten preconceptos tan pueriles. Es interesante y
sintomático que frailes tradicionalmente austeros como los capuchinos no hayan
percibido la inconveniencia de la cuestión. ¿Será que no llegó la hora de
derrumbar falsos preconceptos?”.
Esos datos son extraídos de una noticia del “Jornal do
Brasil”, del 5 de diciembre pasado.
* * *
Que yo sepa, la información no tuvo desmentido. Me sentiré
muy alegre si alguien me escribe que el hecho noticiado no es verídico. Me
comprometo desde ya a hacer saber el desmentido a los lectores.
Dudo, entretanto, que sea dado. Y así voy adelantando mi
comentario.
Cuando, hace unos meses, publiqué una noticia de un convento de religiosas de España
que fabricaba biquinis, causé entre los lectores explicable sensación. Y
aunque nadie osase desmentir tan insólita noticia, no faltó que la juzgase
dudosa; tanto escándalo no podía ser.
Ahora, caso análogo estalla en Salvador. Pues no hay tanta
diferencia entre fabricar biquinis y venderlos.
Sin embargo, ni del caso español, ni del de Bahía, la
inmensa mayoría de las personas saca las conclusiones debidas.
Una de éstas, entretanto, salta a los ojos. Si desde su
fundación hasta nuestros días la Iglesia consideró con horror el nudismo – del
cual el biquini es una de las manifestaciones más agresivas – y si, en nuestros
días, entidades eclesiásticas fabrican y venden biquini, una de dos:
1) o la Moral católica cambió totalmente, y entonces la
Iglesia no es infalible ni divina;
2) o esas entidades eclesiásticas – al afirmar, implícita
pero ostensivamente, la legitimidad del biquini – adulteran la enseñanza de la
Iglesia, y por sí mismas se excluyen de ésta.
Ahora, como la primera hipótesis es completamente
inaceptable, la segunda se impone.
* * *
No tengamos miedo de ver la verdad de frente. Este tema –
del nudismo – levanta una pregunta que va mucho más allá del caso de los dos
conventos “biquinistas”.
Es absolutamente imposible que el uso del biquini y de otras
formas de franca agresión sexual se haya generalizado tanto, sin que haya
muchos directores espirituales que concedan la absolución a personas que, por
su modo de vestirse, no podrían recibirla. A ellos también la pregunta debe ser
hecha. – Si creen que la Moral de la Iglesia cambió, ¿cómo aún se dicen
católicos? Y si permiten a sus penitentes femeninas que usen biquini, ¿con qué
derecho se presentan como sacerdotes católicos?
* * *
Obviamente, la pregunta va aún más lejos. De las personas
del sexo femenino que participan de la agresión sexual, incontables
aprendieron, con el Catecismo, que la Moral católica no cambia.
– Si ellas consideran que cambió, ¿cómo pueden admitir la
infalibilidad y la divinidad de la Iglesia?
– Y si consideran que no cambió, ¿cómo quieren ser tomadas
como católicas?
* * *
Pero –dirá alguien– usar biquini es pecado contra el 6º o el
9º Mandamiento, conforme el caso. Con todo, una persona no peca contra la Fe
por violar uno de esos Mandamientos. Luego, mi argumentación no tiene base.
Evidentemente, no digo que quien confecciona o vende
biquinis, o los usa, peca contra la Fe. Pero quien afirma, implícita o
explícitamente, que la Moral de la Iglesia cambió, éste sí, peca contra la Fe.
* * *
Y de ahí una pregunta que, también a propósito de la
conducta frente al comunismo y de diversos otros asuntos, puede ser hecha:
¿quién todavía es católico apostólico romano dentro de ese inmenso magma de 600
millones de personas – cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos –
habitualmente tenidos como miembros de la única e imperecedera Iglesia de Dios?
por Plinio Corrêa de
Oliveira
Publicado en "Folha
de S. Paulo”, 5 de enero de 1975
Foto: Plinio Corrêa de Oliveira, en enero de 1975. Sao Paulo, Brasil.

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