Marco Tosatti
Estimados lectores:
Hemos recibido —y de buena gana publicamos— una carta de un laico brasileño, miembro de los Heraldos del Evangelio, quienes recientemente, después de una visita apostólica que terminó sin encontrar nada de negativo, han sido comisariados con base en motivaciones extremadamente genéricas.
Ahora bien, que esto suceda mientras que en otras órdenes religiosas se verifican con frecuencia afirmaciones y comportamientos en contraste con el Magisterio de la Iglesia y con el catecismo, no puede dejar de despertar asombro. Cuando vemos lo que ha sucedido en los jardines del Vaticano, ante la mirada del Papa, y en una iglesia de la Via della Conciliazione, a pocos pasos de la Basílica de San Pedro, donde se han celebrado unos ritos que, para decirlo suavemente, pueden calificarse de sincretistas, el asombro y la perplejidad aumentan. Va creciendo la sospecha de que la verdadera razón de este comisariado se basa tanto en la antipatía personal que tiene hacia los Heraldos el prefecto de la Congregación para los Religiosos, Braz de Aviz, personaje de la ultra politizada Conferencia Episcopal Brasileña (de extrema izquierda...), como en el amor a la tradición de la Iglesia que demuestran los Heraldos.
Buena lectura.


