[...] III – “¡Mane nobiscum, Domine!”
Sublime fue la convivencia de Jesús con los discípulos de Emaús; sin embargo, ellos solamente lo reconocieron cuando bendijo y partió el pan. ¡Cuánto más feliz es nuestra situación al acercarnos con fervor a la Eucaristía: no vemos al Señor, pero lo reconocemos y amamos!